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I
- ETIMOLOGÍA, SINONIMIA Y CLASIFICACIÓN
El nombre de esta singular raza española proviene de
su particular aptitud zootécnica: la lidia o espectáculo
donde juega el valor, habilidad y riesgo del hombre frente
a las reacciones provocadas, ataque y superioridad física
del animal.
Por agrupar individuos no sometidos a doma, se llama raza
brava, sin duda con menor precisión. El mismo apelativo
e idéntica grafía recibe en Francia donde es
reconocida por el Ministerio de Agricultura y Brava de Lidia
en Portugal.
En tercer lugar es designada como ganado de casta que perpetúa
el antiguo concepto aplicado a los efectivos ganaderos con
afinidades de grupo transmisibles por herencia y naturaleza
diferencial, antes que la Zootecnia incorporara desde la Antropología
la categoría taxonómica de raza. Aunque tardía
aquella denominación está ampliamente difundida
entre los ganaderos. De ella deriva el calificativo de media
casta para el procedente del cruzamiento de la raza de lidia
con otras autóctonas; también adjudicado a los
ejemplares de calidad inferior o comportamiento negativo durante
la lidia. Asimismo proceden los vocablos populares de encastado
aplicado para destacar las buenas cualidades raciales y encaste
como sinónimo de filiación y, por tanto, definido
por antecedentes genealógicos.
Oficialmente clasificada como raza de fomento y en un orden
global de raza rara por peculiar especialidad zootecnia.
II - ORIGEN
E HISTORIA
Hay que partir de la separación y mutua independencia
entre los antecedentes del toreo y de los bovinos de lidia.
Aquellos son antiquísimos (Creta, Tesalia, etc.) y
abundantes. Los otros, son de tiempos históricos, escasos
y no siempre coincidentes. Sin embargo, el conocimiento del
pasado para la raza de lidia es imperativo y pieza clave para
describir esta raza.
Por antecedentes puntuales y la lógica más
elemental, no cabe la menor duda que la raza de lidia se forjó
en el seno de los Troncos bovinos españoles (Ibérico
y Turdetano, sin excluir el Cantábrico) por un proceso
endogámico y orientaciones de cría totalmente
opuestas a las seguidas para la totalidad de la especie bovina
desde la domesticación que, en vez de buscar, retener
y perpetuar los individuos más manejables, la elección
recaía en los menos predispuestos al yugo y más
rebeldes, agresivos y útiles para los festejos.
Esta etapa inicial larga e imprecisa tuvo como autor la iniciativa
popular, de actores la juventud rural, lugar de ensayo las
dehesas y montes donde pastaban las vacadas comunales o particulares
en las que se criaban los bovinos para el trabajo y de escenario
las modestas plazas de pueblos.
Estas razas autóctonas sin más meta selectiva
que aprovechar el carácter agresivo de algunos de sus
componentes, porque leche no daban, carne muy poca y saturadas
para el trabajo, encontraban en la lidia una nueva salida
y buen mercado. De aquí el conservar los sujetos citados
sin condicionantes de raza ni lugar, tamaño, proporciones
y con mucha más razón variaciones de capa o
color.
Las operaciones de doma permitían descubrir los más
briosos e indóciles para ser elegidos como reproductores
por entender y asimilar el temperamento con la capacidad dinamógena.
Por otra parte, los desahuciados para la labor podían
ser aprovechados con fines festivos.
A continuación se describe la raza desde varios puntos
de vista:
Zootécnicamente
El pasado presenta al ganado de lidia un origen multirracial
extraído de las vacadas cerriles y formado por los
sujetos menos predispuestos a la doma y más apropiados
para capeas, festivales y conmemoraciones. Es de toda lógica
que la atención y elección recayera sobre los
sementales. De los Reyes Católicos procede la Orden
de 3 de enero de 1495 dirigida a los Concejos Municipales
mandando que “no se tomen dichos toros sin su licencia
y consentimiento, que los lleváis y los corréis
y después pagáis por ellos lo que vosotros queréis,
con lo cual los dueños de tales toros son muy agraviados...
y muchas veces quedan vacas sin preñar”. Esta
disposición no era nueva (tenía carácter
recordatorio), ni la última, a juzgar por otras posteriores
como la Orden de Carlos I de 19 de junio de 1533 que reitera
la prohibición o la firmada en Granada por Felipe III
el 20 de noviembre de 1614 contra la saca arbitraria de toros
propiedad de la Cartuja de Jerez por parte de los pueblos
vecinos para “correrles y lidiarles”.
Poco a poco fueron forjándose vacadas y reflejándose
áreas de cría más o menos destacadas
y útiles para ceder al mercado ejemplares con fines
festivos. Entonces, a las plazas como Madrid, llegaban los
astados sin más antecedentes que su denominación
toponímicas: toros de la Tierra, de Navarra, de Andalucía,
etc., y además catalogados en toros “de correr”
y toros “de matar” por no tener muy seguro su
juego. No puede sorprender que en aquella época los
empresarios taurinos o encargados por los Concejos de tales
festejos, fueran los carniceros locales para quines no suponía
grandes quiebras desviar hacia la carnicería los toros
mansos o negados para la lidia.
Después el episodio más sobresaliente es la
distinción de castas. La raza entra en el siglo XX
manteniendo su biodiversidad y sale con signo contrario (“monoencaste”
en términos taurinos) por expansión exclusiva
de ciertas estirpes frente a la cual afloran voces de alarma.
Completa el tratamiento histórico en el área
etnozootécnica el recuerdo al seguimiento genealógico
y el protagonismo de las reatas (conjunto de descendientes
de una hembra). Desde antiguo, las explotaciones de ganado
bravo llevaban un registro de reproductores con carácter
privado, reservado y opaco. A su vez destacaban por la notabilidad
dada al componente materno con el protagonismo de las reatas,
que el ganadero cuida resaltar, recordar y perpeturar, al
contrario de cuanto ocurre en las demás, donde la primacía
genética correspondía a las líneas (descendencia
de un mismo semental).
Biotipológico.
De la primigenia imagen propia de los bovinos salvajes, se
ha pasado a configurar un tipo atlético definido por
rasgos propios y distintos de los otros tipos bovinos profesionales
(carne, leche, trabajo).
Económico.
Es transcurrir histórico de la raza de lidia registra
un período antiguo al que se le atribuyen carácter
romántico, prócer, altruista y de pura afición
por parte de los propietarios, sin otras miras que la defensa
y fomento de las corridas de toros y festejos taurinos y no
los beneficios de empresa. A esta causa se achaca al adscripción
primitiva de la ganadería brava a la Nobleza y grandes
terratenientes. Así como cierto matiz político,
luego superado.
El desinterés económico –si lo hubo-
es evidente que fue sustituido por el atractivo de la superior
rentabilidad a otras vacunos en los mismos medios, que explica
la enorme expansión censal de los últimos lustros.
Comercial
Todos los antecedentes permiten certificar el buen mercado
de la raza de lidia desde siempre, incluso con la paradoja
de no garantizar la calidad de sus productos. Es importante
destacar lo que se puede llamar mercancía estancada
ya que nadie puede producir ni lidiar toros sin ser miembro
de alguna de las Asociaciones, ni es posible legalmente tener
ganadería brava sin antes comprar hierro y planteles
a un asociado. Bajo tales principios, en tiempos pasados,
el mercado se desarrollaba en dos planos: las corridas de
toros y novilladas picadas eran servidas por la Unión
de Criadores de Toros de Lidia, y los demás festejos
por la Asociación de Ganaderías de Lidia de
ahí que a nivel popular eran conocidas como ganaderías
de primera y de segunda respectivamente. Los cambios legislativos
posteriores acabaron con el esquema
Oficial
La raza de lidie tiene dual dependencia estatal: Ministerio
de Agricultura y Ministerio del Interior. Respecto al primero,
además de la supeditación orgánica de
toda actividad ganadera, hay que señalar la específica
del Registro de Nacimientos de Reses de Lidia creado en 1968
y hoy absorbido por el Libro Genealógico (1990).
Singularidad
Una de las facetas más destacadas de la raza de lidia
es la originalidad. Es la única raza española
aportada a la Bovinotecnia universal con rango de tipicidad.
III - CARACTERÍSTICAS
GENERALES
De la caracterización general, el rasgo más
destacado es la gran aproximación al arquetipo cárnico
de la especie, que explica los excelentes resultados contrastados
en los cruzamientos con razas ultraespecializadas.
Fisiológicamente responde a un bovino equilibrado,
que sin perder la rusticidad ha ganado cotas funcionales responsables
de la especialidad, precisamente en regímenes de explotación
extensiva adehesada y pastoreo permanente para el aprovechamiento
de los recursos pastables, bajo un régimen de lluvias
precario que condiciona su consumo degradado por el agostamiento.
Desde el punto de vista constitucional y temperamental destaca
por su resistencia al calor que permite rendimientos cárnicos
destacados en un medio donde otras razas encuentran dificultades
de adaptación. Con todo fundamento mantiene el eslogan
de: “la gran raza de carne de la España seca”.
IV - PROTOTIPO
Fijado por Real Decreto 60/2001, de 26 de enero, del Ministerio
del Interior. Consta de artículo único y dos
anexos. El primero de estos establece los criterios básicos
del prototipo racial y las definiciones.
V - EXTENSIÓN
E IMPORTANCIA
La raza de lidia es, entre todas las autóctonas, la
más destacadamente repartida por la geografía
peninsular ibérica. Se puede afirmar que existen dos
núcleos principales de asentamiento (Salamanca y Andalucía
occidental).
Es de hacer notar que el proceso expansivo no sólo
es de tipo territorial sino de concentración e incremento
interno, a su vez limitado a las posibilidades de cría
extensiva, por lo que la ganadería brava perdió
“cortijos” y ganó “sierras”,
revalorizando superficies agrarias con el pastoreo, y cambió
de fisionomía sobre todo en aspectos alimentarios y
costes generales. Constituye uno de los sectores más
activos de nuestro ganado vacuno.
Igualmente se encuentra en Portugal y Francia, así
como en los países Hispano-Americanos con especial
representación en Méjico.
Buenos idea de su magnitud son las 288 ganaderías
titulares y 53 aspirantes, emplazadas en 508 fincas de más
de 300.000 Ha, incluidas las 6 y 36 explotaciones de Francia
y Portugal, respectivamente.
La trascendencia numérica con ser importante (más
de 178.000 reproductoras inscritas en el Libro Genealógico
en el año 2000) resulta superada por la económica,
tanto por valor intrínseco de los planteles como por
el montante de riqueza que movilizan los espectáculos
taurinos. Según el sector taurino convencional, la
raza de Lidia genera un volumen de negocio total que en cifras
del año 2001 alcanza 250.000 millones de pesetas de
los que Hacienda recauda el 14%. Cada año se celebran
17.000 espectáculos por gestión empresarial
y son igualmente abundantes los festejos populares sin lidia.
Más de 200.000 puestos de trabajo dependen directa
o indirectamente de la actividad taurina.
VI - EXPLOTACIÓN
Y MANEJO
Ante todo hay que desterrar la extendida idea de que el toro
de lidia es un animal salvaje y que el ganadero no hace más
que adaptar el manejo respetando aquella condición.
Totalmente desacertada al constituir una entidad étnica
dentro del elenco bovino como las demás, selecta y
especialmente exigente en cuanto a tecnología y cuidados
de crianza.
Adscrita al latifundio por puras necesidades etológicas
y exigencias estructurales sigue régimen extensivo
integral, a pleno campo, vigilancia a distancia sobre superficies
cercadas (vallado perimetral obligatorio e interno convencional)
y loteado de mínimos muy superiores a los usuales para
otros bovinos. El libro genealógico exige al menos
25 reproductoras por ganadería inscrita, pero la media
es superior (entre 101 y 250).
Equipamiento sencillo pero donde no puede faltar cercados,
corrales de encerrar y retener, plaza de tienta, mangas, cajones
de herrar y de curas, báscula, comederos, etc., junto
con las indispensables dependencias propias de toda explotación
ganadera. Personal de alta calificación laboral.
Alimentación habitualmente complementada, bien con
raciones de sostenimientos y generales en épocas deficitarias
de pastos o ya de producción para la lidia, intensificada
en los de posición de mercado.
Reproducción de monta natural, loteada y dirigida.
Los sujetos entran en acción, después de probados
por metódica específica (tienta) ejecutada a
la edad mínima de dos años. La inseminación
artificial encuentra algunas limitaciones y la transferencia
de embriones ha sido practicada a título experimental
sobre madres adoptivas frisonas sin diferencia alguna de comportamiento
durante la lidia de los productos ET (“Bienmesabe”,
lidiado en Valencia el 15-3-1996).
Partos sin dificultad con hábito de nidación
(“acarbado” en términos ganaderos). Edad
al primer parto, 32-34 meses. Tasa de fecundidad 66-68%. Peso
del ternero al nacimiento, 12-17 kg y al destete (6-7 meses),
70-120 kg. Buena habilidad maternal y longevidad elevada,
a veces un tanto desfasada por retención dilatada de
vacas de alta nota.
Operaciones específicas de manejo son el tentadero
o práctica de la tienta como sistema para valorar la
dotación individual de la especialidad racial, la señalada
o entallado de la marca colectiva de propiedad por incisiones
y mutilación de orejas y el herrado, regulado por la
Autoridad competente del Ministerio del Interior. Finalizan
las pautas de manejo con el ahijado o reunión de madres
e hijas (separada por las operaciones precedentes) para contrastar
o reafirmar la filiación y asegurar el seguimiento
genealógico. Completan los trabajos la nominación
o asignación de nombre a los sujetos sometidos a las
prácticas anteriores según pauta y costumbres.
El ejemplar señalado, herrado, filiado y nominado pierde
su condición de rastra para entrar en la de “hierro
arriba”; es decir, sujeto individualizado con particular
destino.
Instrumento de manejo especial de la raza de lidia es el
cabestraje. Complemento del mismo son los perros (tipo “boxer”
por lo general) adiestrados con esta finalidad.
VII - APTITUDES
Y TIPOS DE PRODUCCIÓN
La acertada combinación de rasgos morfológicos
adecuados dentro de un destacado complejo muscular, dotación
funcional atlética y complejo psico-temperamental de
acometividad, condicionan la aptitud para la lidia y con ella
la especialidad racial.
Esta en su traspolado comercial viene distribuida y catalogada
en tipos establecidos por el Reglamento de Espectáculos
Taurinos (general y autonómicos), a los que se suma
los no regulados or ellos. Son:
a) Principales
a.1. Toros. Machos de cuatro años
cumplidos y menos de seis, con peso vivo mínimo de
480 kg en las plazas de primera categoría, 435 kg para
las de segunda y 410 kg o su equivalencia de 258 kg en canal,
para las de tercera.
a.2. Novillos
a.2.1. Picados. Machos de 3
a 4 años con peso máximo inferior a 475 kg en
las plazas de primera y segunda categoría y 250 kg
en canal en las de tercera, no permanentes y portátiles.
a.2.2. Sin picar. Machos de
2 a 3 años y peso inferior a 210 kg.
a.3. Becerros
Machos con edad inferior a los dos años. Las reses
de esta categoría en las Escuelas Taurinas podrán
ser hembras siempre que tengan la edad indicada.
b) Secundarias
b.1. Toros y novillos de rejones. Con los
subtipos de despuntados y en puntas.
b.2. Novillos defectuosos y desecho de tienta.
A los que habrá que agregar los descalificados para
su inscripción en el libro genealógico.
c) Otros
Comprenden este apartado las reses empleadas en los festejos
populares sin lidia. Responden a las denominaciones de toro
ensogado, enmaronado o de la cuerda, “socamoturra y
talensaco” en Vascongadas, jubillo en Aragón,
“bou de carrer”, “Bou de villa” y
“Bou a la mar” (poblaciones costeras) del País
Valenciano, “Carré bou” en Cataluña,
“Carrebous” en Mallorca, “gallambo”,
en Loja, etc., además de ese impreciso y heterogéneo
conjunto conocido por el génerico de vaquillas, donde
puede incluirse las reses empleadas en los “recortes”
y las especiales de los festejos populares franceses (cocarde,
etc.)
Atención complementaria requiere la producción
de carne de la raza de lidia, estimada ordinariamente de excelente,
al tomar como referencia los parámetros apreciados
en el toro lidiado y juzgar su musculosidad, terminación
y rendimientos a la canal. La sentencia olvida que el arquetipo
citado es la excepción cárnica y no tiene en
cuenta su edad o ignora los altos y ruinosos índices
de transformación. Dos consideraciones complementarias:
un ternero de raza Rubia Gallega o Asturiana de los Valles
pesa al año igual que un toro de lidia cumplidos los
cinco. La carne del animal lidiado entra en la categoría
de “fatigada y mal sangrada”.
Excepción al respecto es la carne de erala, procedentes
de las hembras desecho de tienta y con esta edad, para la
que a pesar de su heterodoxia tipología en este campo,
no se la puede negar la calidad de carne natural.
VIII - COMERCIALIZACIÓN
Con independencia de la naturaleza como “mercancía
estancada” ya definida, los productos de la raza de
lidia registran excelente mercado y amplia demanda que explica
su gran expansión censal y territorial.
Las cotizaciones varían, como es lógico, y
guardan estrecha dependencia, a su vez, de factores complementarios
(triunfos obtenidos en la temporada anterior, grado de aceptación
de los lidiadores, etc.). Asimismo de otros tangenciales como
la categoría de la plaza, si se lidian en las corridas
de Ferio o no, del cartel de toreros, etc. De todas formas
el comercio de los toros bravos transciende poco al gran público.
Disecado el mercado en el plano etnozootécnico y deducidas
las piezas que le componen y los horizontes que cubre, queda
de manifiesto la entrada en juego de tres agentes bien diferenciados:
ganadero, empresario taurino y carnicero. El ganadero vende
lidia, el empresario compra y ofrece espectáculo y
el carnicero recicla el cuerpo muerte que comercializa como
carne en tabla baja.
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